viernes, 10 de diciembre de 2010

vida salvaje

Esta mañana me he despertado con sensación a llanero solitario; con el mismo espíritu con que se levantaba John Wayne –o don Clint Eastwood como máximo exponente-, lenta y pausadamente, con aire malhumorado. He abierto los ojos y he adoptado en seguida la misma expresión, dejando caer primero una pierna, murmurar por el dolor del costado y dejando caer pesadamente la otra pierna. Mi cara, con expresión ruda y sobrada de hombría se ha encontrado con la de mi madre, como no, desencajada por mi tontería matinal. Y ahora que lo pienso, puede que ese espíritu del Salvaje Oeste haya sido un poco exagerado… De ahí el bofetón de mi madre cuando le he gritado: “Madre, prepáreme el baño, engráseme las botas y avise a pequeño Jimmy para que ensille al caballo”, terminando mi inteligente intervención con un escupitajo al suelo. El bofetón ha resonado, eso sí, como un pistolero en pleno asalto a la diligencia. Qué dolor…

Como es lógico, esta vuelta a la realidad –forzada por el golpe autoritario de mi madre- ha hecho desvanecer mis sueños matutinos. El olor a cuero, pólvora, caballo, naturaleza salvaje y libertad… desaparecidos.

Sin embargo, como soy hombre hecho de ilusiones, me he metido en la ducha con otra ilusión: Cogía el bote de champú con fuerza mientras oía al gentío corear mi nombre. Llovía, sí, pero eso no me importaba. Mis fans, apelotonados como sardinas, esperaban apasionados a que empezara el recital. Y tras un momento de espera –en el que he aprovechado para enjabonarme la cabeza- el concierto friki ha empezado. Menudo éxito.

domingo, 5 de diciembre de 2010

el origen


- Vuelve al origen.

- ¿cómo? –pregunto

- Pura esencia, amigo mío. Ahí es donde debes estar. –me contesta.

- Lo intentaré… -murmuro. Y tras un momento en silencio le digo- Escucha.

Recuerdo una historia, la de un muchacho que soñó despierto durante toda su vida. Soñó con un ángel. Su nombre, desconocido. Lo único que necesitaba era recordar, y junto a ese recuerdo tejía su historia, cada vez más y más fuerte. Era tal su amor furtivo, que incluso caminando por la calle unía las manos simulando que enjaulaba la suya con la de ese recuerdo. Pero dentro de ese amor, había un profundo pozo de sufrimiento y desespero. No sabía cómo evadirlo si dejar de pensar en ella. Gozaba por unos minutos de su gloria, junto a su historia, pero pronto aparecían las sobras de la realidad y lo nublaban todo. La angustia se apoderaba del muchacho por ver que su dulcinea no existía. Era un pobre enamorado de la nada.

- Vamos a ver, este chico se enamoró de un sueño, entiendo. ¿esto es posible?

- En el origen las cosas pueden ser o no ser. En este caso, el amor de este muchacho se cristalizó en un sueño y un recuerdo constante. Sobre la base de una mínima realidad. Era su vida y su ilusión. Alguien que siempre le sonreía cuando él lo necesitaba. Alguien que siempre estaba junto a él. Era un amor de capricho, pero…

- Bendito capricho- dijo interrumpiendo.

- …sí. Bendito. –afirmé.

- Entonces, ¿siempre se quedó con el amor de un sueño?

- No. Finalmente, después de muchos momentos turbios, conoció a su sueño.

- ¿existía esa mujer?

- Sí. Pero no adelantes acontecimientos. Sigue escuchando, pues para saber el cómo, hay que conocer el por qué. Ahí es donde vamos.

- Al origen. –comenta.

- Sí.

jueves, 2 de diciembre de 2010

aliento apestoso

Escuchas y sientes como el aliento apestoso del coloquio mezquino te calienta la nuca. Oyes como reverberan las palabras pudientes de unos cuantos que vomitan -sin contemplaciones- suposiciones con anhelo de veracidad. Y tanto es el menosprecio por aquél que se habla, que ni tan siquiera se plantea uno darle la oportunidad de opinar.

Este es el significado de la marujería: Reunión de engendros correveidiles que se deleitan con las penas de unos y se enzarzan con las mentiras de otros. ¿Para qué? Vete a saber para qué…

lunes, 29 de noviembre de 2010

el síntoma

- Es el síntoma el que me resulta curioso: Noto cómo mi corazón, de repente, se sacude con fuerza. Mis manos tiemblan débilmente y me falta el aliento. Pienso y vuelvo a temblar; vuelvo a notar cómo los latidos resuenan, uno detrás de otro, alegremente. Respiro y suena tembloroso. Me siento inquieto y creo que me conquistará el pánico. Cojo aire llenando los pulmones y expiro lentamente. Poco a poco me deshincho y me tranquilizo. La calma vuelve a gobernar y me invade una paz momentánea. Así pues vuelvo al trabajo, al quehacer diario que ocupa parte de mi energía. Me sumerjo en él y vuelvo a la serenidad de tenerlo todo bajo control, pero de repente… recuerdo, pienso, vuelvo a recordar y todos mis síntomas vuelven. Es como si viviera en un bucle incontrolable. ¿Sabes lo que me pasa?

- Sí. Que te estás enamorando.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿un poema?

- Tienes que escribir más –me comenta-. Volver a los inicios. Dejar que la tinta marque en el papel los versos de una poesía.
- ¿Una poesía? Yo ya no escribo esas cosas.
- ¿Por qué? –pregunta sorprendido por mi mueca.
- Porque soy un guerrero de las letras, no una flor.
Me mira y no puede evitar reírse. No conmigo, sino de mí.
- ¿Guerrero?
Vuelve a reírse, pero ahora enjuagándose las lágrimas por la memez que acabo de decir.
- No eres guerrero escribiendo sobre cuchillos, de la misma manera que no eres flor escribiendo algunos versos… -consigue decir después de unos segundos de descojone.
Le miro y repaso sus palabras. Aun viniendo de un amigo cabrón que se ha reído en mi cara, me tomo en consideración su consejo. Cierro los ojos y echo un vistazo al archivo oculto de mi memoria, en el ala de los escritos olvidados; los escritos con el sello de la flor. De pronto me paro, repaso un par de hojas y recito:

Escuché y revisé el firmamento
Y tras dejar el sufrimiento a un lado,
Me escupiste frente al lecho del dorado
Y esculpiste la memoria del recuerdo.

Ataviaste mis vestidos con los fardos
De los sueños, de galantes y de magos.
No supiste contrastar el sentimiento
Que chorreaba por el alma en tu costado.

Me condeno por querer ser tu cordero,
Por querer que ralentices mi recuerdo.
Por cantar las alegrías del momento.

Con mis manos agarradas frente al fuego,
Que ennegrecen por el llanto vago y seco,
Veo la mierda que escupiste en su momento.

- ¿Y esto? –la risa ha desaparecido.
- Es una flor, pero con espinas.
- Entiendo…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Visita

- ¿Irás a ver al Papa? –pregunta uno a su amigo.
- No. Y menos si se gastan tanto dinero en alguien que no me representa. Me parece una vergüenza.
- ¿Pero por qué una vergüenza? –pregunta de nuevo, extrañado.
- ¡Porque estamos en crisis!
La tensión se saborea con un espeso silencio. Finalmente el primero pregunta.
- ¿Realmente te preocupa el gasto? ¿O es que por ser el Papa, o sea Católico, de ahí viene tu molestia?
- Me da por culo que venga ese tío y que encima paguemos por que venga.
- Tu problema entonces no es el que dices que es. El problema es que te domina tu odio hacia lo católico. Qué curioso, amigo mío. Tú eres de los que reclamas derechos y libertades hasta para las moscas. Pero cuando se habla de representación o noticia referente a algo católico… ¿dónde quedan esos derechos?
- … - silencio avergonzante.
- ¿No sabes qué decir? Me suena que el aborto ahora viene de gasto público…
- … - más silencio de ese.
- Vale, entiendo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

primera lección

- Aprendiendo.
- ¿A ser qué?
- A ser persona. –Comento con cigarro humeante.
- Pero… ¿Qué eres ahora? Porque yo te veo persona.
- Amigo, no es solo la apariencia, sino el ser.
- El ser… ¿Pero qué ser? Ahora sí que me he perdido. Porque tú… ¿no habías dejado de fumar?
- Sí. –Respondo mirándome la mano envuelta en ese humo apestoso.
- Entonces eres, pero eres falso; porque dejas de fumar pero fumas sin fumar.
- Ahora me he perdido yo. –Respondo.
Me mira, me sonríe y suspira débilmente.
- Tienes mucho que aprender.